26 de febrer 2016

Consideraciones sobre Cuadros de Logia de Tercer Grado (y parte 3)

Prosigamos con diversas consideraciones herméticas y alquímicas a propósito de elementos rituales expresados en distintos cuadros de Logia de Tercer Grado que, si bien reitero mi particular oposición en cuanto a su primigenia génesis, creo interesante conocer al menos algunas de sus lecturas e interpretaciones que, a pesar de su mayor o menor lejanía en la certitud histórica, bien merecen una reflexión como soportes de meditación cumpliendo a tal efecto dicha labor simbólica, como elementos vivos, mutables (por qué no) y en permanente examen, aunque con frecuencia sus conclusiones o lecturas haya que filtrarlas para evitar excesos (de los que se ha hecho uso y abuso) y extraer alguna que otra luz de la que empaparnos, eso si, cum grano salis.

Los seis cráneos

Las dos tibias cruzadas bajo un cráneo son el símbolo de la victoria sobre la muerte, siendo el cráneo un jeroglífico de la putrefacción alquímica que, en unión con esta cruz, nos indica que por esta corrupción, la del antiguo hombre renacerá el nuevo hombre.
En la tumba, reencontramos en algunas representaciones seis cráneos, dado que antes de ser resucitado, nuestro padre Hiram era una creación incompleta, como la de los seis días del Génesis. Tras ese senario, hace falta un séptimo día, en que Hiram resucita de su tumba, se incorpora, y permite que el templo sea reconstruido.
Si bien esa precisión en cuanto al número de días es inconcreta en las instrucciones continentales de grado en lo relativo a la Leyenda (que no en los quince que aparece en el Prichard de 1730), es obvio por otra parte que el número característico de la maestría es el siete, que de entre otras más arduas y complejas argumentaciones simbólicas y numerológicas, se desprende aquella que nos propone que la verdadera creación se hace en los siete días descritos en el libro del Génesis. Así, por ejemplo, según el Regulador del masón, el Maestro tiene «siete años y más" porque el Templo se edificó «en siete años y más» como tiempo empleado por Salomón.

La rama de Acacia

Acacia es una palabra de origen griego que significa “inocencia”, “bondad”, literalmente “sin mal”, de a privativa y Kakos. El tabernáculo fue hecho de esta madera de acacia.
La rama de acacia permite a los nueve maestros descubrir el lugar donde se encuentra la tumba de Hiram.
Es muy curioso ver como aparece también cambiado ese número en novenario del quince original al igual que sucediera en el quinceavo día del encuentro del cuerpo. Ese cambio implica un grave error en la posterior lectura e interpretación simbólica asociada en la génesis de la Leyenda de inicio, vinculada a la alegoría del entorno cercano de Jesús en cuanto a su discipulado y entorno femenino vinculado a su figura, error que va más allá de la pura lectura simplista o religiosa puesto que difumina en gran medida ese arquetipo divino del hombre que es Hiram, y por tanto, el mismo Jesús de Nazareth en cuanto a ideal de perfección, y por tanto el Dios/concepto de lo bello, bueno y justo en potencia y presto a manifestarse. Esta interesante e imprescindible lectura debe hacerse más allá de todo prejuicio o posicionamiento doctrinal, y su obviedad a la ligera me parece inapropiada.
Volviendo al "errático novenario", la acacia es la primera cosa que dichos "buscadores" aprecian en estos misterios y es la razón por la cual, en el grado de aprendiz del Ritual de la masonería egipcia, se dice que la acacia es "la primera materia". También, en el grado de compañero nos aparece escrito:
La acacia que se nombra asociada al grado de maestro de la masonería ordinaria no es otra cosa que esta materia preciosa.
Conocer la primera materia de la obra hermética es acceder a la tumba donde duerme nuestro mismo padre Hiram, siendo él mismo la primera materia de la obra, que deberá convertirse en la materia de los filósofos y la piedra filosofal.
Véase pues en esta lectura, un giro que va más allá, en una clara alusión a la acción de transmutación post- teofágica, cuasi mágica y mística capaz de transformar per se. Permítaseme discrepar de la ilusa pretensión de contemplar una acción supra-humana que ipso facto regenere sin esfuerzo, dolor o perseverancia sin atender a razonar que, además del psicodrama vivencial (una pequeña puesta a nuestro gran interior) esta propuesta de Hiram (Cristo u Osiris) resucitado y realizado no es más que una directriz de actitudes, valores y normas que pautan todo un código ético de largo recorrido.

Una gran parte de la literatura doctrinal masónica también afirma que la rama de acacia se identifica con la rama dorada de la Eneida (VI, 136 y sig.):

Se considera que el sexto canto de la Eneida es una descripción de los misterios. Así, la rama de oro, correspondería a la acacia de los masones.
Es la rama que le permite al héroe Eneas descender a los infiernos herméticos donde su padre Anquises “revelará la edad de oro”. También en masonería, el padre en la tumba es Hiram Abi, "mi padre Hiram"; la rama de acacia es así el jeroglífico de su primer estado o la primera materia alquímica. Para resucitarlo, hay que descender en nuestra propia tumba, pero esto no se hace sin guía: la Sibila guía a Eneas, a semejanza del «Hermano Terrible» que guía al candidato a la maestría.
Es por ello que algunos diccionarios masónicos expresan que aquel que conoce la acacia puede decir:
“Estuve en la tumba, salí de ahí levantándome de entre los muertos y siendo regenerado, tengo derecho a la vida eterna.”

No deja de ser una lectura interesante y sofisticada del “poder” plasmado en lo que supuso ese paralelismo, o mejor, substitución simbólico-vegetal de la original Teofanía de la Zarza Ardiente vivida por Moisés en donde el insignificante arbusto, símbolo otrora de humildad, aparecía contenedor de la propia divinidad y magnificencia en un fuego permanente, como el Cristo, el Ungido, en el interior del ser humano, mostrándonos de pleno ese simbolismo de luz, energía y pureza cuasi perenne en todas las tradiciones culturales y que tan hábilmente fue incorporado en el Corpus ritual del arte de memoria masónico, capaz de sobrevivir, mutar y ser transmitido en todo tipo de corrientes espiritulistas o filosóficas, con independencia de su hábitat religioso, ya fuera entre las distintas corrientes del momento o en medio de la convivencia con diferentes escuelas gnósticas u otras variadas órdenes esotéricas y herméticas, como la Rosacruz a partir del XVII.
Un mensaje apto y moldeable para todos los públicos y gustos, ya fueran deístas, unitarios, trinitarios, ateos u otros.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro del Supremo Conselho do Rito Moderno - Brasil

21 de febrer 2016

Las Constituciones de Anderson: Ampliaciones de Patrick Négrier

Este texto de Patrick Négrier, como respuesta, mostrando su desacuerdo con la publicación de Roger Dachez, aparecida en su espacio Pierres Vivantes el domingo 4 de enero de 2015, nos permite aportar más y desarrollar aún mejor la esencia y visión conceptual de la Gran Logia de Londres que, para quien esté interesado en ello, podrá profundizar in extenso, a través de las investigaciones y reflexiones publicadas en el libro del H. Négrier titulado “Art Royale et Regularité dans la tradition de 1723-1730”

Querido Roger Dachez,

Tu análisis de las Constituciones de 1723 es totalmente falso. Eres víctima de una deformación profesional como historiador. Si hubieras hecho, como yo, estudios de filosofía (tengo una licence en filosofía de la Sorbonne - París IV) habrías obtenido cero puntos en el análisis del texto. En lugar de entender lo que dice el texto, tratarías de hacer hablar el contexto histórico de entonces de manera parcial (Serge Hutin ha demostrado en su “Disciples anglais” de Jacob Boehme que había en Londrés en el XVIIº siglo decenas y decenas de Denominaciones diferentes, para quienes eran, como decía el filósofo Kolakowski, Cristianos sin Iglesia).

Primeramente no fue Anderson quien redactó el capítulo I de los Deberes de 1723 sobre la religión, sino Désaguliers (lo mostré en “Art royal et regularité” que la misma fórmula estilística se encuentra en los Deberes I de 1723 y en una carta de Désaguliers a Chamberlayne; Désaguliers era doctor en derecho y era de él de quien provenía la redacción, pero no la concepción, del texto de derecho que constituían los Deberes I). Segundo error: tú presentas les Deberes I como la expresión de ideas de su redactor, lo cual es falso: Désaguliers no ha explicado sus ideas personales en los Deberes I de 1723 sino las ideas que habían sido concebidas y elaboradas y probablemente votadas por la Gran Logia de Londres de entonces.



Tercer error: no tomas en cuenta que el texto admitido, reconocía la eventualidad (el texto ingles dice if[1]…) de que un masón no comprendiera correctamente el arte (sobreentendido el arte de la memoria que era la simbólica del rito del Mot de Maçon[2] que era de inspiración bíblica), en cual caso (y es la eventualidad reconocida por la GL de Londres) este masón incomprensivo del arte será un ateo teórico o un libertino (en el siglo XVIII un libertino designa a un deísta: un deísta cree en la existencia de un Dios creador y en la inmortalidad del alma; Descartes había escrito un tratado de deísmo que es una religión de la razón pura en la especie de sus Meditaciones metafísicas; y fue refutado punto por punto por Kant que en su Crítica de la razón pura mostró que la religión de la razón pura que es deísmo o libertninismo religioso es imposible). Para resumir los Deberes I de Désaguliers, admitiendo la eventualidad de que un masón no comprenda correctamente el arte (simbolismo bíblico del rito del Mot de maçon), aceptaba con ello de hecho la presencia de ateos teóricos y de deístas (libertinos) en logia. Ultimo punto: los Deberes I de Désaguliers proponen como posición religiosa común a todos los masones de la GL no una ortodoxia (denominación o confesión) sino una ortopráxis: “ser hombres buenos y verídicos, hombres de honor y honestos”, ortopraxis que no es una doxa (opinión), sino una práxis (práctica): y esta práctica se denomina religión natural, por otra parte, claramente descrita por Pablo de Tarso en Romanos 2,14-15. En resumen los Deberes I de las Constituciones de 1723, que no explicaba las ideas del Pastor Anderson ni las ideas del cura anglicano Désagulliers, sino las ideas de la GL de Londres, admitían la eventualidad de que un masón comprenda correctamente el arte y sea por ello un ateo teórico o un deísta (libertino), y propusieron como posición común, a todos los masones, no una ortodoxia, sino una ortopráxis: la religión natural (que es incompatible con el ateísmo práctico, pero compatible con el ateísmo teórico) y proponiendo como posición religiosa común a todos los masones no una ortodoxia, sino una ortopraxis que tan solo podría permitir la coexistencia pacífica en Logia de los masones poseedores de diversos doxas que son las denominaciones (entre los cuales la mayor parte no forman Iglesias como los discípulos de Jacob Boehme o los rosacrucianos o los platoniciences de Cambridge) y confesiones (fundamentos de las Iglesias), doxas que no podían ser sino causas de divisiones, la Gran Logia de Londres fue una de las primeras instituciones en llevar a cabo un sistema de laicidad, la GL de Londres no arbolando una doxa sino una praxis única religión universal capaz de unir los masones de cualquier opinión sea cual sea.

Y un ultimo error que has cometido: reduces la “libertad de conciencia” de las Constituciones de Anderson (las que efectivamente fueron redactadas enteramente por Anderson) de 1738 a la libertad religiosa- Esto es un grave error ya que la libertad religiosa no es más que un aspecto entre otros de la libertad de conciencia. Como dice la expresión “libertad de conciencia”, la Constituciones de 1738 se inscribían en las bases de las Constituciones de 1723 y reconocían por tanto que un masón pueda ser un ateo teórico (pero no un ateo práctico) o un deísta (libertino) e incluso formar parte a una denominación o una confesión de su elección.

Si Anderson hubiera querido hablar de libertad religiosa, lo habría dicho textualmente. Esto no es lo que ha dicho: él habló de libertad de conciencia, subrayando con ello que un masón debe practicar una ortopráxis como los artículos de Noé pero que en conciencia es libre de adoptar la doxa (opinión) que quiera, artículos de Noé que confirman que en 1738 la posición común propuesta a los masones era efectivamente una ortopraxis y no una ortodoxia (eso es “libertad de conciencia”).

Siempre hay que preferir interpretar un texto a través de lo que dice antes que a través de lo que dice su contexto histórico.

Muy Fraternalmente 

Patrick Négrier



Traducción autorizada por Patrick Négrier para la Unión Masónica Universal del Rito Moderno - UMURM y realizada por Olga Vallejo Rueda (Traductrice certifiée: Alliance Française de Quito, l’Équateur)
DMCA.com Protection Status


[1] NdT: “Si” condicional en inglés.
[2] “Mason Word” o “Palabra del Masón”

19 de febrer 2016

Consideraciones sobre Cuadros de Logia de Tercer Grado (parte 2)

Antes de proceder a un análisis muy acertado bajo mi punto de vista de Patrick Négrier sobre un cuadro de Logia de Tercer Grado publicado por Gabriel-Louis Pérau en l’Ordre des francs-maçons trahi (1745), y considerando que históricamente Hiram surgió como una figura alegórica de Jesús de Nazareth, proceso obvio dado el contexto calvinista y por tanto cristiano en la génesis ritual de la moderna Francmasonería, pero por otra parte tendente a aglutinar ecuménicamente variadas sensibilidades religiosas incluida el ateísmo, capaces de generar una válida atracción y convivencia tras nefastos episodios de enfrentamientos religiosos y que empujaba a la búsqueda y construcción de un lenguaje óptimo consensuado cuyo mensaje final fuera ética y moralmente aceptado y compartido por todos) a la que se incorporó toda una simbólica paralela con una amplia lectura (véase el papel de la acacia como substitución a la teofanía bíblica de la zarza ardiente y que perfectamente encajaba en otras lecturas simbólicas pertenecientes a diversas culturas donde las plantas han ofrecido muchas y variadas interpretaciones al uso y al gusto), propondremos previamente una lectura de otros muy utilizados cuadros de logia tal vez más orientada en una supuesta tradición alquímica y referida a antiguos misterios que si bien no comparto en lo personal, creo que supone un buen ejercicio simbólico en cuanto al análisis y descomposición del mensaje inherente del contenido que aparece en estos cuadros de Logia y cuyos elementos merece la pena conocer y valorar.

La Transmisión

Todos nosotros en nuestro interior llevamos a un maestro que debe despertarse, es el núcleo divino, para algunos, de todo ser humano. Está tumbado en una tumba, como Osiris. De ahí el sentido de la expresión platónica (sôma sêma), «el cuerpo es una tumba» para el dios sepultado en la carne, que la masonería llamó a Hiram. Sin embargo, los misterios masónicos de tercer grado van más allá de este primer misterio para centrarse sobre el objetivo final de toda realización hermética.
Es aquí donde la masonería revela según algunos toda su herencia alquímica ya que el tercer grado nos muestra que el fin esencial de toda sociedad iniciática es la transmisión: el maestro debe morir para resucitar en un discípulo, cosa indispensable para que una orden iniciática permanezca viva.
En efecto, si nadie no recibe el don tangible que salva de la muerte, la cadena iniciática se interrumpe, y los maestros, no teniendo más hijos, se retiran de este mundo. Entonces, sólo se quedan los símbolos, las abstracciones filosóficas o esotéricas, un ideal social y una moral. Nada de todo esto permite a Dios (lo divino, lo bueno, bello y justo, al ideal de perfección, o cualquiera de sus múltiples acepciones y/o concepciones arquetípicas o modélicas) encarnarse en este mundo, ni a nadie para ser salvado. De ahí la importancia de la transmisión efectiva.
El hermetista contemporáneo Emmanuel d' Hooghvorst se inclinó este tema capital, a propósito de un pasaje del Zohar:

¿Y de donde sabemos que Jacob no murió? Del versículo: «Porque estoy contigo» (Jeremias I, 8)... es decir que su Señor vino para asociarse con él en su generación de abajo... Y «Jacob volverá…». Rabí Isaac dijo: Los compañeros le mantuvieron de pie... Según que su descendencia está viva, él también, está vivo.

E. de Hooghvorst nos da misterio de la transmisión masónica, la llave de comprensión ya sea hebraica o masónica:

« Los compañeros…., en arameo haberaya; esta palabra puede ser empleada para designar a los miembros de una hermandad o de un orden de compañeros del maestro, que se transmiten su enseñanza y su vida. Pensaremos muy naturalmente en ciertos rituales de muerte y de resurrección al fin de los cuales el maestro se considera que resucita en su discípulo. Está escrito así: «Los compañeros lo mantuvieron de pie, es decir viviendo, en este mundo».

Parece evidente que la cábala hebraica y la buena alquimia hablan el mismo lenguaje que los rituales masónicos, y en el caso presente, ellos nos señalan el secreto de la transmisión dándonos a entender el sentido profundo del ritual de tercer grado. La puesta en escena del ritual quiere que el candidato a la iniciación se halle en estado de descubrir que el maestro se consagra a aquel que será su hijo, transmitiéndole así el don de la vida eterna, con el fin de resucitar en él.
Es por eso que E. d' Hooghvorst escribe: «los compañeros del maestro, que se transmiten su enseñanza y su vida… Según el Zohar, «los compañeros lo mantuvieron de pie». De pie, ya que por los cinco puntos de la perfección, el maestro resucita en uno de ellos. Aquí se acaba el trabajo del maestro - la transmisión o la multiplicación alquímica - y comienza la de su hijo creado no de carne sino de espíritu. Este hijo debe mantener al padre vivo «en este mundo», con el fin de que la orden no zozobre en la muerte de la letra o de los ritos. Tal es el sentido de la exaltación en el grado de maestro.
Estas palabras del Zohar, comentadas por la pluma de Emmanuel d' Hooghvorst, dan la llave de la comprensión de la naturaleza de la masonería así como de su función en este mundo, tanto para los tiempos pasados como para los tiempos presentes, según algunos.

Debo confesar que a día de hoy mi visión con lo aquí expuesto no la comparto plenamente, y que la razón, origen simbólico y ritual, así como el contenido y mensaje subyacente en este grado son otros diversos en su génesis y con una finalidad más cercana y próxima de descifrar.
Tal vez el ser humano, tan apasionado por lo oculto y mistérico, haya querido ver una realidad supra-humana en la transmisión, aunque ya de por sí, tiene suficiente legitimidad y peso específico el “simple” sacrifico y renuncia a lo pasional y subyugante, tras cuyo esfuerzo ejemplar, renace un nuevo hombre a imagen y semejanza de un modelo que, aunque tal vez mítico o ficticio, representa el ideal de aquello perfecto y nos acerca a la libertad. Esa es la grandeza en el regirse del Maestro y la enseñanza a transmitir al discipulado que, redescubriendo sus potencialidades, trabaja por su desarrollo en un mundo con valores compartidos y de respeto por la riqueza en la pluralidad liberándose del ego desmesurado, convirtiéndose en un ser social y solidario a medida que se perfecciona individualmente.

Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro del Supremo Conselho do Rito Moderno - Brasil

07 de febrer 2016

Consideraciones sobre Cuadros de Logia de Tercer Grado (parte 1)

Se considera tradicionalmente que la masonería practica, en cada uno de los grados, unos rituales que ponen en escena los misterios iniciáticos correspondientes. Lo que es ampliamente discutible, es lo ancestral de la práctica en la forma de transmisión de dichos misterios, e incluso el objeto/mensaje en sí mismo transmitido aunque hayan podido beber para la composición de sus formas, de modelos pertenecientes a pasadas o antiguas civilizaciones poseedoras de mitos y leyendas que pretenden dar a entender su cosmogénesis o dar respuesta a una realidad trascendente.
En estos rituales, reencontramos ciertos gestos, posiciones y desplazamientos, así como palabras que son, en realidad, las palabras sagradas y de paso. Otro elemento importante es el «Cuadro de Logia», una representación iconográfica donde son resumidos los secretos de cada grado.

Aunque el repertorio iconográfico de la masonería haya variado durante los siglos, los componentes esenciales de cada uno de tres grados universales y fundamentales (aprendiz, compañero y maestro) no han sufrido cambios importantes; no hay pues diferencias significativas entre los diversos cuadros de un mismo Grado.
Vemos primero que el Cuadro de Logia de Maestro está dispuesto de tal modo que Hiram, acostado en el sarcófago, tenga la cabeza en Occidente y mire hacia Oriente; el norte se sitúa pues en su izquierda.
En masonería, y aunque las lecturas hayan mutado con el tiempo, Hiram representaba dos aspectos de la divinidad, si bien esta divinidad quedaba libre de definición doctrinal o derivaba de un deísmo acorde a la Religión Natural: el primer aspecto lo vincula a la vida celeste que baja a este mundo (el mundo que es el hombre) para construir allí el templo pero también al dios sepultado en la tumba del cuerpo, y que debe resucitar, ambos aspectos muy presentes en el tercer grado.

La Palabra de Maestro

En la masonería moderna, el nombre aparece por primera vez en el manuscrito Dumfries n ° 4, de 1710, cuando es cualificado de "maestro masón". La «tumba del maestro Hiram» se percibe en el manuscrito Wilkinson de 1727, y la primera descripción de una elevación (resurrección) del cuerpo de Hiram por medio de la palabra de maestro se encuentra en el manuscrito Graham de 1726.
En la tentativa de levantarlo, uno de los maestros dice: "morrow in this bone”, «médula/tuétano en este hueso».
La obra de Samuel Prichard, Masonry dissected, editada en Londres en 1730, contiene la leyenda completa de Hiram. Encontramos allí también una descripción de los "cinco puntos de compañero" o "de perfección". Desde entonces, en todos los rituales de tercer grado, la “resurrección” de Hiram es asociada con la palabra de maestro y con los "cinco puntos de perfección".
Según un manuscrito de 1725, “The Whole Institutions of freemasons opened”, la palabra de maestro es Magboe and Boe, lo que, según el ritual, significaría: morrow in the bone, «la médula/tuétano en el hueso».

Durante el siglo XVIII, la palabra de maestro tomará diversas formas: Mahabon, Moabon, así como una gran variedad de grafismos, que sólo hicieron que aumentar la disparidad fonética y semántica.
Ciertos autores afirman que Mahabon o Moabon y sus variantes son una deformación del hebreo mah haboneh.
F-H. Delaulnaye, un masón francés de principios del siglo XIX, informa que el sentido de Moabon es «del padre», ya que un francmasón se convierte, por el hecho de su recepción al tercer grado, en el hijo y el sucesor de Hiram. Por otra parte, El Tuileur de Vuillaume afirma que Moabon proviene del hebreo moab, porque ab, significa padre.
Sea la que sea, la palabra de maestro aparece siempre asociada a la putrefacción: la carne se separa del hueso, la carne es corrompida, «podrido hasta el hueso», etc. Pero decimos también: hay médula en el hueso...
La idea subyacente es por una parte que las médulas/tuétano están vivas y por otra parte que la carne está corrompida. La confusión que reina entre los nombres del grado de maestro es por cierto, real. Sin embargo, si examinamos atentamente los rituales, y aunque los elementos que hacen referencia a la corrupción estén asociados con la palabra sagrada de la maestría, esto no significa necesariamente que sean una traducción. En el momento en el que se levanta al maestro Hiram, decimos solamente: la c…. se s…. del h….. Hay asociación de conceptos, no necesariamente traducción.
Otra palabra de maestro utilizada en masonería, Mac-B….c, figura en un ritual francés de 1730, y se utiliza en el rito francés o moderno. También le atribuimos orígenes múltiples y significados, aunque ciertos autores consideren que no signifique nada en absoluto, en ninguna lengua. Para el masón inglés Thomás Payne (1737-1809), es un nombre de origen céltico: hijo (mac) de la viuda (b…c). Esta interpretación concuerda bien con su tesis sobre los orígenes druídicos de la masonería inglesa. Aunque inexacta no contradice de ningún modo a las otras y se integra bien en el contexto simbólico del grado de maestro.
En la obra ya citada de Prichard, encontramos el grafismo Machbenah y le atribuimos el sentido siguiente: el constructor ha sido matado.
Una obra inglesa publicada en 1751, “La Maçon démasqué”, cita el término Mac B….c y afirma que significa "la carne se separa de los huesos". Arturo Reghini, en 1922, le atribuye un origen hebraico y traduce por œdificantis putrido, «la putrefacción, (maq) de aquel que edifica (boneh).
El verbo Benah significa también engendrar, de modo que Mac-benah podría traducirse en «engendrado de la putrefacción», lo que sería una alusión clara a la muerte y a la resurrección de Hiram. En este sentido, la interpretación de Reghini se revela aceptable, y se integra perfectamente en el misterio del tercer grado.
Finalmente, los documentos franceses del siglo XVIII afirman que la antigua palabra sagrada de la maestría era J…h, que ha sido perdida (mejor decir substituida por prudencia) y que a los masones les incumbe reencontrarla. Según G-L. Perau, en su obra “El Secreto de los francmasones”, publicado en 1745, el Tetragrama fue escrito sobre el sarcófago de Hiram porque «tal era la antigua palabra de maestro», afirmación que queda también formalmente recogida con la elaboración del Régulateur du Maçon, en su ritual de Tercer Grado.


Joaquim Villalta, Vª Orden, Gr.·. 9
Miembro del Supremo Conselho do Rito Moderno - Brasil